
La tercera vez que un productor de vino allí en la Langhe me dijo que pertenecía a la quinta generación de productores, creí que era una muletilla. Al final fueron cuatro. Y no fue la única coincidencia casi astral de la jornada. En la Langhe la cosa parece ser algo estereotipada, y de un modo, en mi opinión, muy venturoso. A saber: empresa familiar, tradicional, producciones limitadas repartidas en pequeñas porciones de viñedos, gama de productos de distintas D.O. (Langhe, Dolcetto, Barbera, Barbaresco y Barolo, en general), trabajo artesanal, NO BARRIQUE, independencia del gusto internacional y mucho orgullo por su trabajo.
Por supuesto, también existen los grandes emporios, como Fontanafredda y otros, pero me cuidé de visitarlos. Mi interés, por supuesto, no iba por ahí.
Ya la he mencionado un par de veces y todavía no cuento qué es: la Langhe es, discutiblemente, la región vitivinícola más tradicional, noble y prestigiosa de toda Italia. Y eso ya es harto decir. Queda en la provincia de Cúneo, Piemonte, noroeste italiano. Podría agregar un lote de información y disertar sobre algo en lo que no soy experto pero para que: todos esos datos están en Google.
Es tan famosa por sus vinos como por su trufa blanca, el Tartufo, motivo de peregrinación culinaria para algunos pudientes fanáticos de esta gema gastronómica otoñal. Tierra montañosa, sembrada casi al cien por cien de vides, cuyas hileras en variadas orientaciones hacen parecer los cerros como cabezas decoradas de trencitas. Cada pocos kilómetros, una loma coronada por un pueblito.Y así, mirando en lontananza, pueden verse tres o cuatro de ellos, como vigías atentos de un barquito que se mece en un mar de viñedos. Si sólo fuera por tomar fotos, el paseo ya vale la pena.
Pero la cosa iba de mucho más que eso. Salimos temprano desde Torino, la capital del Piemonte, con mi amigo Roberto di Meglio, que me oficiaba de hospedero, chofer, guía turístico y traductor. Todo a la vez. Roberto ama el vino, pero lo explora dolorosamente menos de lo que le gustaría. De modo que mi visita sirvió de acicate para que saliera del ensimismamiento laboral e hiciera un par de llamadas. Un sommelier local conocido lo puso en contacto con ciertas personas y quedó acordado un panorama nutrido y variado. Miel sobre hojuelas.
Hasta la voz del GPS es sexy en Italia, pensaba mientras la cajita satelital nos dirigía a viva voz con precisión milimétrica. Casi imaginaba una rubia tipo Martina Stella guiando nuestros destinos por esos pueblitos de cuatrocientos habitantes. Verduno, La Morra, Barolo. Todos esos nombres los conocía yo en mis atlas de vino. No hay mejor paisaje que los viñedos. No hay mejor viaje que el viaje vínico.
Muy distinto el “viaje vínico” del formateado y desgastado “enoturismo” tan en boga por estos y otros lados, ese que transforma el vino, su cultura y su paisaje en un mero parque temático.

Volvamos a la Langhe. No era mediodía y ya estábamos empinando la copa en la fría cantina de Fratelli Alessandria, en Verduno. Antes habíamos pre-cosechado unos racimos, maduros, a pocos días de la cosecha de verdad, que nos sirvieron de meriendita. Ricos, dulces, jugosos. ¿Qué variedad serían?
Alessandro nos recibió en esta pequeña bodega, fría, húmeda y oscura donde además había un par de mesitas para sentarse a degustar. Conversación sobre el vino y la vida. Gratis. No vi una sola barrica nueva, ni las olí (tengo la nariz afilada para eso). Sólo viejos toneles de roble eslavo. No tan viejos, eso sí, como unas empolvadas botellas que daban testimonio de la prolongada tradición familiar. El papá se encargaba del campo, el hijo de la bodega. Punto.
Primer descubrimiento: Pelaverga. No es chunga, es una cepa. Se cultivan apenas seis hectáreas alrededor de Verduno (D.O. Verduno Pelaverga). Si más vinos en el mundo fueran así: tinto fresco, jugoso, de taninos finamente rasposos, floral, etéreo de aromas y directo de buche, muy fácil de beber. Una gozada a €6. Un Pelaverga fue, de hecho, el vino del almuerzo. Una Gamay del Piemonte, digamos.
Segundo descubrimiento (personal): al ir ascendiendo en la escala en que son presentados los vinos, la cosa va mejorando: Barbera d’Alba Superiore Priòra 2006, Langhe Nebbiolo Prinsiòt 2007, Barolo Monvigliero 2005, en ese orden… y el Barolo es sin duda el que se lleva la palma. Esa lógica se mantuvo en cada visita.

El Barolo. Yo no lo conocía. Lo había probado, claro, pero no lo entendía. Algunos decían que podía alcanzar la grandeza de los más grandes. A alguno, que sabe mucho, le oí que estaba ahí a la par con los grandes Pinot de la Borgoña. ¿Tanto así? Nunca me lo había parecido. Pero no cuesta tanto aprender. Sobretodo cuando la evidencia es tan evidente: a pesar de esa mezcla de mole de taninos con acidez rabiosa, los vinos piden copa como condenados. A la vez, por cierto, piden botella. Aquellos con que hablé me dijeron siete a diez años, pero esos taninos piden, a ojo mío, veinte. Pero aunque las encías se recogían y a la lengua se adhería al paladar, la belleza etérea de la Nebbiolo, la hija de la niebla, se sobrepone y muestra, aún en primaria juventud, su promesa de flores y carnes y, dios lo permita, trufas algún día. Lo único mejor que un amor a primera vista es uno a segunda.
Ese Barolo Monvigliero de F.lli Alessandria me encantó, y eso que no sabía lo que vendría después. Bastante denso, primario, ácido, reticente aún en nariz y del todo cerrado en boca, tenía una estructura angular y acerada que auguraba un despertar muy pleno luego de unos añitos en botella. Roberto se había prometido no comprar del primer productor visitado, pero fue inútil. Las primaras cajas se fueron a la maleta del auto.
El Castello di Verduno, cerquita del destino anterior, es una instalación con una vocación turística más manifiesta. De hecho, es a la vez un adorable hotelito/parador, para ir a olvidarse de todo y de todos en escape romántico.
Nos atendieron con mucha amabilidad y nos convidaron de beber suficiente como para no hacerlo de nuevo en unos días. Mi amigo escupía, pero yo lo puedo asegurar. Ronda por el monísimo subterráneo de estiba, lleno de telarañas y mohos como a mí me gustan, breve disertación del estilo y producción de los vinos (NO BARRIQUE como un mantra) y a catar.
Acá la cosa partió mal. Un Pelaverga vinificado blanco no me convenció nada, unos Dolcetto y Barbera d’Alba que no me cerraban con su simultáneo exceso de acidez y dulzor, un Langhe Nebbiolo 2008 que apretaba las encías sin prometer beneficio ulterior… ay!, y tan amorosa que era la chiquilla, me daba pena decirle que los vinos no me gustaban nada.
Y llegamos a los Nebbiolo. Unos Barbaresco Faset y Rabajà 2003 principiaban a decir cosas que sus ejemplares de menor rango no: calidad de taninos, largo, alto y ancho (estructura) y ese perfume de balcón sevillano que no sé de dónde les sale. Ni se notaba que eran de la tórrida añada 2003. Me contaron que así había sido en la Langhe. Pero hasta aquí estábamos calentando motores. El Barolo Massara 2003 era el hit-parade. Wow! Resumo: me compré tres. Porque no cabían más. Un mostro. ¿Dónde en el mundo se conjugan tan finamente poder y gracilidad como en la Nebbiolo? ¿Cómo esos taninos tan ásperos en su juventud pueden expresar aromas y sabores tan femeninos, etéreos y delicados? Tal vez la real grandeza de un vino resida en ser a la vez una cosa y su contraria.
No recuerdo si antes o después de esto estuvo el almuerzo. Del Bercau se llamaba el sitio (asumo que en lengua Piemontesa) y juro que no recuerdo en qué pueblo era. Por si a alguien le sirve. Almuerzo casero bajo el parrón. Carne cruda (deliciosa especialidad local que no sé si podría considerarse cocina), antipasti vegetal que bajaba por el güergüero como purificándolo, pastas que se deshacían en la boca, un conejo tiernísimo, una chica atendiendo a la que se le podía declarar amor eterno sin faltar un punto a la verdad y un Verduno Pelaverga 2008 de Antonio Brero cuyos aromas se confundían con los del patio donde nos hallábamos. Podría vivir de tintitos así toda la vida.
Yo venía pasando. Así podría resumirse nuestra irrupción donde Giuseppe Rinaldi. Para los que no lo conocen, Rinaldi es un monumento vivo del tradicionalismo piemontés. Uno de los productores más buscados para aquellos que no siguen puntos de revistas, sino vino de verdad.
Aquí no hicimos cita, sólo nos apresuramos a husmear al ver el nombre escrito a la vera del camino. En el desordenado ámbito donde convergen las salas de su bodega, una silla de madera se yergue cual manifiesto: “Il miglior uso della barrique”, se lee en ella. Chapeau. En ese lugar, donde esperamos un buen rato a que nos atendieran pues se veía que llegamos en mal momento, se apilaban no sólo viejísimas botellas de su propia producción (de 1921 en adelante), sino que tesoros de la enología mundial dando testimonio de, imagino, regias veladas del pasado: Margaux, Emidio Pepe, Radikon, Brovia, Gravner, Rousseau, Comtes Lafon, DRC, Capellano, Mascarello (de lo que recuerdo)… ¡déjame una!
Nos atendió la Señora Rinaldi. Muy amable. Casi pidiendo disculpas por no contar con más tiempo. “Too much wood” me dijo a propósito de su experiencia con el vino chileno. ¿De dónde lo habrá sacado?
La bodega es muy pequeña y se conoce de una ojeada. La tradición se palpa, parece ser una cueva. No es un lugar que digamos lindo, pero viendo lo que de ahí sale, a uno le entra el respeto.
¿Y qué sale? El Barolo Brunate – Le Coste (mezcla de viñedos) 2005 es lo que había para probar (junto a un Langhe Nebbiolo que no me dejó memoria). Un monumento de vino. Cerrado en nariz aún, se dejaba sin embargo adivinar el festival en que se prodigaba la boca: hojarasca, cueros, petunias (o la flor que a una se le venga en gana, que no sean gladiolos), curry (¿puede ser?), champiñones, algo como cerveza negra. Mejor no me complico y digo que sabía a Barolo. Largo, compacto, llena la boca pero sin ampulosidades sino, al revés, con un filo que se para en puntas de pies y deja a la lengua, y a uno, extasiado. El Barolo Cannubi-Ravera, la otra cuvée de la casa, no lo probamos y es una lástima.
Donde sí probamos un Barolo de Cannubi (la joya de la corona del viñedo de Barolo) fue en la Azienda Vitivinicola Comm. G.B. Burlotto. Pongo el nombre completo porque hay tres productores de Barolo, todos parientes, que firman su vino con el mismo apellido.
Acá donde Burlotto la conversa fue larga y tendida. Eso, claro, luego de que salvamos los baches de la comunicación, porque unos malentendidos casi nos dejan fuera de esta. Se discutió de vino chileno, gusto internacional, nebbiolo y algo más. También son la quinta generación, tampoco usan barrica, y les importa poco o nada lo que diga la crítica porque, total, ellos producen poco y lo venden sin inconvenientes. Sin marketing, contraetiquetas ni historias de economías a escala.

Y casi como gesto promocional nos acercaron un parmesano que acompañó graciosamente el vino. Acá me gustó toda la serie. Vinos puros, ricos, fáciles de beber y directos. Sin maquillajes. Pero había que llegar al Barolo Cannubi 2005 y darse cuenta de lo que en realidad es “la cosa” Precioso vino, se desmarcaba claramente de el Barolo Acclivi del mismo año, más rústico y generoso de formas. Ese Cannubi era pura elegancia esperando botella para desenvolverse. La sensación misma de un abrigo de visón en el paladar, parco de sabores, pero perfectamente enfocado, elegante, largo y contenido si se quiere. La mejor boca de todo lo que probamos.
Y ya se había hecho de noche. Mi Nikon acusaba 615 fotos. La alcoholemia otro tanto. Trataba de figurarme cómo me iba a llevar todas esas botellas a Santiago. Trataba de retener en la memoria esos sabores y esas texturas. Nos reíamos con mi amigo de cualquier pavada a esa altura, felices de tan gozosa jornada. Nos encaminábamos de vuelta a Torino, hermosa ciudad, con la sexy del GPS invitándonos a repetirla.

Viejas Tinajas, Cinsault 2011, Viña De Martino









16 comentarios en “Un viaje vínico por la Langhe (Piemonte, Italia)”
Buena Felipe! Enviado especial de Vinos y Copas. Felicitaciones. Buena pluma. Sólo algunas erratas pero pasan piola con tan delicada descripción. Faltó la foto de la silla hecha de barricas. Quizás el enviado a Boston y Nueva York envíe pronto otro reportaje internacional.
Claudio Marín - octubre 1, 2009
Quizás también faltaría algún reportaje del corresponsal en la península ibérica.
Claudio Marín - octubre 1, 2009
No entiendo nada de vinos. Solo sé que mi hijo es un erudito en esta materia y escribe precioso. Que halla tenido la oportunidad de saborear todas esas delicias que describe, me llena de alegría. Las fotos son un espectáculo aparte
Cecilia Ramirez - octubre 2, 2009
Señoras y Señores:
Vinos y Copas ya es la primera revista virtual de vinos de la blogosfera del cono sur, ja ja ja. ¡¡Qué humildad!! Tratamos de recorrer los rincones donde se produce vino y contar esas historias. A mi lo que me da es envidia. No sólo del que viaja, sino que también de esas preciosas botellas que se beben y se disfrutan. Dan ganas de colgarse del reloj y parar el tiempo, que los días no pasen y los vinos no se acaben, porque vaya que cuentas encontrar instancias similares por estos lados. Salud!
Saludos
Coralo
Juan Ernesto Jaeger - octubre 2, 2009
Felicitaciones Felipe, como sabes ,yo soy un gran admirador de los vinos de Giuseppe Rinaldi; encuentro que es la expresion mas fina del Barolo, es como tomar terciopelo, al contrario de otros Barolos que son mas potentes, pero igual muy buenos ( Conterno Voerzio, incluso Gaja) Lastima que no hayas podido probar el otro Barolo, sera para la proxima; tal vez tengo una botella por ahi. Seguramente comprastes algunas cositas…
Espero poder viajar en febrero/marzo por esos lados, por ahora un abrazo desde Paris, Alvaro
Alvaro Yañez - octubre 2, 2009
Me sumo a las felicitaciones para Felipe, excelente viaje, reportaje y escritura. me alegro mucho y espero que se repita, un amante del vino con pluma de oro y si lo dice la Mama, ni hablar.
un gusto leer todo esto, se aprende cada dia mas…..
EXCELENTE!!!!!!!!!!!!!!!
PD: espero degustar algo que llego en esa maleta…….
PD2: Coralo, todo va viento en popa… felicitaciones….
saludos
“cocoperaltapapa”
cocoperalta - octubre 2, 2009
Gracias… totales
Felipe Méndez - octubre 2, 2009
Roberto viene la próxima semana a Chile, espero que habrá una cata digna de su visita… Saludos.
Gerhard - octubre 5, 2009
Pensaba en la frase de Felipe, a propósito de la visita de Roberto, quien ofició de guía en este recorrido por la Langhe. “Roberto ama el vino pero lo explora dolorosamente menos de lo que le gustaría”.
¿Cuánta gente andará en la misma? Y no hablo sólo de la pasión que genera este tema, sino que de muchos otros temas. Yo he peleado con mi señora, me he gastado mucho más dinero delo que debiera y eso no significa que sea un ejemplo, ni mucho menos. Tampoco que deberían hacer lo que yo hago. Allá cada cual con sus hobbies y como los explota, pero con el tiempo me he podido formar un criterio sobre la base de explorar y experimentar, muchas botellas de vino.
El asunto es que creo que a muchos les gana la dejación y la flojera para explorar en el medio que los rodea. Pienso también que mucha de la falta de nuestra propia identidad o autenticidad tiene que ver con eso. Copiamos una fórmula y listo. A vender se ha dicho.
Encontrar vinos que hablen de un pedazo de tierra de donde proviene requiere exploración, cometer errores y aprender a interpretar un conjunto de elementos que se llama naturaleza. Puede sonar algo demasiado teórico o hasta síutico, pero con una frase de cabecera así creo que se parte bastante bien. Eso fue una reflexión al paso, que me picó gracias a este temita.
Saludos
Coralo
Juan Ernesto Jaeger - octubre 5, 2009
Desde Turin felicitar a Felipe por su relato y a Coralo por su Blog. Ademas de atentos y cultos catadores descubro winewriters de calidad. Espero verlos la semana proxima saludos Roberto
Roberto - octubre 7, 2009
Ojalá nos juntemos con Roberto en torno a uno de los Barolo ya probados y aprobados por él y Felipe.
Saludos.
Claudio Marín - octubre 7, 2009
Saludos Roberto, que dia se van a juntar, slds
Fco Araya
Francisco Araya - octubre 9, 2009
Envidia, nada mas. Nada de envidia sana, eso no existe, envidia no mas.
Gran viaje vinico, gran aporte a las plumas vinicas, Salud!
enologico - octubre 14, 2009
Tel. + 39 0836.80.42.96 – Fax. + 39 0836.80.42.96
Email: ask@vivaistefano.it
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ornella Stefano - octubre 23, 2009
Buena Felipe!
Debes escribir más regularmente.
Faltó foto de la italiana….
Mauricio A. - diciembre 27, 2009
Cuál de todas?
Esperamos verlo seguido por acá.
Felipe Méndez - diciembre 28, 2009